Kasabian reactivan 'shows'

 

Brigadistas de Protección Civil estuvieron atentos al desarrollo del espectáculo de la agrupación británica

CIUDAD DE MÉXICO.

En el interior del Pabellón Cuervo las bocinas repetían los avisos en caso de emer­gencia. No es que jamás lo ha­gan, sino que el público que acude a este tipo de concier­tos muchas veces no pone atención, pero padecer un sis­mo tan devastador días antes, tiene por el momento a todos con los sentidos alerta.

La noche de Kasabian no fue la excepción, un miérco­les especial, irrepetible.

Ocho días después del de­sastre, la música regresó a ser el catalizador de la ciudad, un momento necesario para sa­tisfacer las emociones del ser humano en un momento tan difícil.

Cuatro mil fans llegaron, sortearon la lluvia, llenaron el estacionamiento, le sacaron la sonrisa a los “viene viene”, a los elementos de seguridad (Lobos), baristas, comercian­tes informales y gente que necesita de sus trabajos para subsistir.

Es por eso que la apuesta de Ocesa por seguir adelante con el show de los británicos fue mucho más que acertada y con todo el respeto posible.

Slaves tuvo el turno de abrir. Poco a poco la gente lle­naba las pistas, compraba las chelas, playeras y se acerca­ba a ver al grupo con timidez, porque no es un género que un fan de Kasabian acostum­bra. Aun así un poco de punk no le vino mal como preám­bulo del show.

La rebeldía empujaba ga­nas de armar moshpit, lo ameritaba, pero la fanatica­da se resistió, no le interesó o no lo acostumbra hacer en sus conciertos.

Sockets, Fuck the Hit-Hat y The Hunter no fueron tan po­derosas para convencer a los hipsters que prefirieron sen­tarse en las mesitas a ver a una buena banda.

Aun así, el dúo británico fue más allá de su presencia como telonero.

El público se reservó para Kasabian. A las 21:00 horas, tiempo en el que el Pabe­llón ya desbordaba personas que estaban por presenciar un aguerrido arranque con Ill Ray (The King), una oda a la arrogancia, poderosa y rebel­de de parte de Tom Meighan y Sergio Pizzorno.

 

La dupla no toma habitual­mente el micrófono para sol­tar palabras, pero la situación que acaba de pasar nuestro país y que se trataba del pri­mer concierto masivo des­pués del sismo lo ameritaba.

“México, estamos aquí para hacerlos felices”, arrancó Meighan.

“Antes de continuar les queremos decir, asegurar que vamos a darles lo me­jor, que estamos con uste­des. Queremos ver felicidad y amor en este hermoso país que es México”, a lo que los fans respondieron con gritos de aprobación y a la vez de agradecimiento.

Este mensaje, el show entero, la presencia del grupo fue uno de los grandes men­sajes de solidaridad de parte del Reino Unido, además de la presencia de Paul Fitz, el bom­bero inglés que viajó con sus recursos a ayudar en labores de rescate.

Bumblebeee, Eez-eh, Underdog, Days Are For­gotten... cada canción que pasaba, era una auténtica re­volución musical.

 

La gente brincaba, enlo­quecía y estaba tranquila, sa­bía que las vibraciones que sentían en las plantas de sus pies eran por tanto brinco en Shoot the Runner, no por un choque de placas en las entra­ñas de la tierra.

 

Hasta eso la paranoia na­tural no influyó en absoluto y la gente disfrutó, necesitaba distraerse.

You’re in love with a psycho fue de las favoritas del nuevo disco For Crying Out Loudque los trajo de regreso cinco años después.

 

Intercalándose entre la gente, brigadistas de Pro­tección Civil, perfectamente identificables por su chaleco, pasearon por el inmueble en labores de seguridad.

Club Foot llegó para to­dos aquellos que llevaban sus playeras del Leicester FC, el equipo de los amores Tom y Sergio, que transformó a los hinchas latinos a hooligans ingleses que explotaron como si estuvieran en la cancha.

 

Bonito gesto tuvieron tam­bién con Goodbye Kiss en pura guitarra acústica, un re­galazo exigido por los fans y cumplido por la alineación.

 

90 minutos transcurrieron muy pronto y condujeron has­ta Fire, ya la locura total.

Empujones por todos la­dos, slams pequeños don­de nadie se molestó y hasta las morras le entraron al ar­diente cierre de un show tan especial.

 

 

Excélsior/Enlace Radial, 29-09-17