ITINERARIO POLÍTICO DE RICARDO ALEMÁN

 

Los “videoescándalos” de Duarte

 

Seguramente muchos mexicanos recuerdan los llamados videoescándalos que en un informativo de Televisa reveló Víctor Trujillo —el 13 de marzo de 2004—, motejado como Brozo.

 

En las imágenes aparecían René Bejarano y Carlos Ahumada en una charla, donde el primero explicaba las razones de Andrés Manuel López Obrador para disponer de cuantiosas sumas de dinero. Todo mientras que Bejarano acomodaba pacas de billetes en un portafolio al tiempo que se colocaba las ligas a manera de pulsera.

 

En otro video aparecía Carlos Imaz —esposo de Claudia Sheinbaum—, al tiempo que apilaba fajos de billetes en una bolsa de supermercado que también le había entregado Carlos Ahumada.

 

Un tercer video mostraba a Gustavo Ponce —ex secretario de Finanzas del GDF— en el momento en que gastaba importantes cantidades de dinero en el casino del exclusivo hotel Bellagio de Las Vegas.

 

Como recuerdan, todo el affaire fue conocido —de manera coloquial— como los videoescándalos de AMLO. Pero no solo exhibió las corruptelas en torno al entonces jefe de Gobierno del DF, sino que confirmó que empresarios mecenas de la política, como Carlos Ahumada, no solo compraban lealtades y sobornaban a servidores públicos, sino que guardaban la prueba gráfica de esas pillerías.

 

Y viene a cuento el ejercicio memorioso porque una fuente oficial del gobierno federal confió que el nerviosismo desatado por “el caso Duarte” —de parte de políticos, empresarios, periodistas, banqueros y, en general, servidores públicos— ya pasó de una mera preocupación a verdadero pánico.

 

¿Por qué?

 

Porque al tiempo que avanzan las investigaciones del saqueo en Veracruz —que involucra a Duarte—, aparecen evidencias de que el ex gobernador guardó testimonio audiovisual de conversaciones telefónicas y presenciales, de acuerdos, pactos, negociaciones y, sobre todo, momentos en que una negociación o un acuerdo terminaba con la entrega de dinero; dinero que siempre se movía

en efectivo.

 

Más aún, según la misma fuente, existe un video —que busca la autoridad— en el que presuntamente aparece un personaje del partido de Morena metiendo dinero a una maleta, mientras habla con un operador de Javier Duarte sobre el origen del acuerdo para entregar el dinero, respecto a la cantidad entregada, lo que resta por entregar y del monto total de lo pactado.

 

Video que, de existir, confirmaría la alianza de AMLO con Duarte y la ratería que la hizo posible para “engordar” a la Morena de AMLO. A su vez, testigos de la investigación habrían revelado que como el anterior video existen muchos. Sin embargo, hasta hoy la autoridad no los ha localizado.

 

Otra fuente confirmó la creciente preocupación por parte de implicados en el desfalco a Veracruz. Pero no solo se trata de personajes políticos o empresariales de altos vuelos. No, la ingeniería para desfalcar el dinero de Veracruz también involucra a alcaldes, diputados locales, diputados federales y no pocos periodistas.

 

En muchos casos habría evidencia testimonial. Por eso, el pánico.

 

Pero lo curioso es que si recordamos el efecto político-electoral de los videoescándalos de aquel 2004 y si lo comparamos con el efecto que puede tener hoy, lo cierto es que la aparición de esos supuestos o reales videos puede significar “una vacuna” a favor de López Obrador.

 

Y es que, como lo explicó acertadamente Pablo Hiriart —en su columna de El Financiero—, la izquierda mexicana ha comprado, literalmente, una patente de impunidad.

 

Es decir, que si hoy el presidente Peña Nieto, sus secretarios de Estado, el líder del PRI o un gobernador tricolor cometen una pillería, se les viene el mundo encima. Rabiosa la jauría mediática los hace pedazos en minutos.

 

Sin embargo, si la sociedad identifica pillerías cometidas por AMLO, por su claque, si se prueba la comisión de esas pillerías y se exhiben las evidencias —como ya ocurrió con los videoescándalos—, la jauría de idiotas de las redes emplea todos sus recursos para justificar la ratería y para sembrar la especie de que se trata de un complot.

 

Y es que en México, los partidos de izquierda pueden convertir en diputado a un criminal como Julio César Godoy, pueden establecer una alianza electoral con jefes mafiosos de la droga, como los Abarca y solapar alianzas depredadoras como la de AMLO y Duarte, pero no pasa nada. Son alianzas criminales que incluso muchos aplauden.

 

En cambio, la legión de idiotas quema en leña verde “a todos los corruptos” de otros credos.

 

Y es que en México, militar en Morena es lo mismo que comprar un pasaporte de impunidad.

 

Pero criticar a Morena y a su mesías es lo mismo que pertenecer a la mafia del poder.

 

Al tiempo.

 

 

Milenio Diario/Enlace Radial, 20-04-17